5 de octubre de 2014

EL PASEO DEL CHANCO (9): EL ALCALDE GÓMIZ





A finales del siglo XIX el todopoderoso político ultraconservador y Cronista Rafael Viravens movía los hilos de la política alicantina. Las decisiones políticas más importantes pasaban por su mano y era consultado para casi todo. Además influía enormemente en aspectos religiosos como por ejemplo en todo aquello relativo a la tradición de la Santa Faz. Manipuló y tergiversó con descaro y legó para la historia de la ciudad la conocida como “Crónica de Viravens” publicada en 1876. Como veremos a continuación, Viravens influyó sobremanera a los conservadores para la elección del Alcalde Manuel Gómiz y Orts.

Según contó el Cronista en el banquete de despedida de Gómiz, fue en una reunión en la finca de veraneo que tenía Viravens en Sant Joan, conocida como Getsemaní (situada en la Plaza de la Cruz) donde en una tarde estival de 1889 convenció a Gómiz para que presentara su candidatura a concejal, puesto que le aseguró que sería bien acogida por el líder conservador, señor Marqués del Bosch. Pese a algunas reticencias iniciales de Manuel Gómiz, éste aceptó, sellando el pacto bajo un olivo del jardín. Tras la victoria de los conservadores, Viravens aconsejó al Marqués del Bosch que nombrara a Gómiz alcalde de Alicante, lo cual se produciría a finales de 1890. Sustituyó en la alcaldía al Rafael Terol.

Manuel Gómiz nace en el pueblo de Sant Joan el.... PINCHA AQUÍ PARA SEGUIR LEYENDO



ALFREDO CAMPELLO QUEREDA
Publicado en ABC Alicante el 31 de marzo de 2014
Para más información, contacte con el autor  
 

14 de julio de 2014

EL PASEO DEL CHANCO (8): LA CALLE DE NIÁGARA




A día de hoy, el callejero de la ciudad de Alicante apenas conserva denominaciones populares o tradicionales, y esto es debido a las sucesivas “depuraciones” realizadas que han ido eliminando esos nombres “por la ninguna significación que tienen unos, ya por la repugnancia que otros ofrecen” tal y como se afirmaba en 1852. Así hemos visto desaparecer topónimos como la Pelota, la Trampa, la Carassa, el Bale, Bonaire, las Ánimas... Todos ellos, nombres con un significado histórico detrás que nos darían hoy información de un Alicante ya desaparecido y que por desgracia está prácticamente olvidado. Por suerte aún nos quedan en Alicante unas pocas calles que conservan su denominación popular e histórica. Este es el caso de la Calle de Niágara, a los pies de la Basílica de Santa María.

El origen de su nombre tenemos que buscarlo no en las famosas cataratas del mismo nombre, sino en la catarata de agua que caía por un gran caño de la plaza de Santa María que recogía las aguas de escorrentía que bajaban del casco antiguo y de las laderas del Benacantil. De hecho antiguamente la calle de Niágara era conocida como “la Catarata” por las razones antes expuestas y que ampliaremos más adelante.

En esta vía, cuando se denominaba Carreró de les Botigues, Augusto Roselt alquiló en 1807 a Lorenza Burguñó, viuda de Lacy, un viejo y húmedo almacén, bastante amplio eso sí, en el que instaló el teatro del que carecía la ciudad tras el cierre del instalado en el Hospital de San Juan de Dios. Por desgracia, la vetustez del inmueble y problemas de índole diversa y variopinta derivados de la inmediata situación bélica del país, provocaron que el teatro suspendiera sus actuaciones y permaneciera cerrado varios años, acelerándose su ruina. La apertura de un nuevo teatro con beneplácito de las autoridades en la Calle de Teatinos (hoy Barón deFinestrat) aceleró el fin del “Corralón de los Cómicos” de la Calle Niágara, no sin protestas del Sr. Roselt y los lamentos de su propietaria. El edificio sería derribado a inicios de la década de los 40 del siglo XIX, poco antes de la apertura del Teatro Principal.
Por todos los motivos expuestos, hasta 1852, la Calle de la Catarata fue denominada Calle del Teatro Antiguo. En el cabildo del 7 de octubre de ese año la Plaza del Barranquet, en la que se encontraba el Teatro Principal, pasaba a denominarse del Teatro (hoy Ruperto Chapí) y la que nos ocupa pasaba a llevar el nombre que hoy conserva, seguramente para no confundir al personal con dos vías públicas con la palabra Teatro.
José Guardiola Picó en su obra "Reformas en Alicante para el siglo XX" de 1909, trata de forma bastante extensa los problemas de inundaciones que padecía esta parte de la ciudad y que achacaba a las aguas de escorrentía que bajaban entubadas desde la plaza del Puente a través de un canal denominado “la Mina” y que acababan su zigzagueante viaje en la Plaza de Santa María, cayendo mediante un caño de piedra a la calle de Niágara.
Era muy frecuente que con las lluvias torrenciales la mencionada mina reventara por la escalinata de Santa María anegando la zona y sembrando las calles de inmundicias, provocando la lógica queja de los vecinos que no comprendían que, apenas a dos pasos del Ayuntamiento, la ciudad pudiera presentar tan lamentable aspecto.
Hoy ya no queda rastro de aquel viejo canalón. Lo que sí que nos quedan son las crónicas periodísticas, documentos del Archivo y libros de Cabildos que nos ayudan a reconstruir para ustedes, queridos lectores, curiosos pasajes de la historia de Alicante.


ALFREDO CAMPELLO QUEREDA
Publicado en ABC Alicante el 16 de febrero de 2014
Para más información, contacte con el autor  

28 de junio de 2014

EL PASEO DEL CHANCO (7): LAS CASAS DE TATO




Aunque las modernas edificaciones del barrio de San Blas nos lleven a pensar que se trata de un conjunto moderno con unas seis o siete décadas de vida, la realidad es que las raíces de dicha barriada se adentran hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando San Blas nació como un conjunto de viviendas modestas de trabajadores situadas en una partida rural aislada de la ciudad, distante unos dos kilómetros de ésta. Repasando el callejero del barrio descubrimos un grupo de calles con nombres y apellidos similares ya que casi todas ellas están relacionadas entre sí. Aunque este es un tema que esperamos tratar más adelante en otra entrega de “El Paseo del Chanco”. Hoy nos centraremos en una de las primeras vías públicas abiertas en el barrio, que es la que lleva el escueto y curioso nombre de Tato.

La calle está dedicada al comerciante y fundador del Barrio de San Blas, José María Tato d’Acosta del que sabemos que nació a principios del XIX, hijo de Benito y María Juana, falleciendo, soltero, en abril de 1879. Fue el impulsor del primer grupo de cuarenta casas del barrio en la segunda mitad del siglo XIX (años 60 aproximadamente). Dicha manzana cuadrada de diez casas por lado estaba delimitada por las actuales calles de Bono Guarner (antes Estación), Tato, Doctor Santaolalla (antes la Pelegrina) y Carlota Pasarón.

Su sobrino Tomás Tato Julián, nacido en Ceuta en 1833 estableció junto a su tío un molino harinero movido a vapor en aquella manzana de casas firmando comercialmente como “Tato y Sobrinos”. Tomás Tato sería alcalde de Alicante por un breve espacio de tiempo en 1882. Contrajo matrimonio con Enriqueta Ortega Gironés y de este matrimonio nacerían, que sepamos, cuatro hijos llamados Enrique, Tomás (Director de la Fábrica de Tabacos de Alicante), Ramón y José.

Y es que el apellido Tato ha sido llevado con honra por destacados personajes de esta ciudad que han llevado su alicantinismo con orgullo por diferentes rincones. Cabe destacar, entre otros, al Almirante Julio Guillén Tato, al escritor y Cronista de Alicante Enrique Cerdán Tato, recientemente fallecido, o al también escritor y periodista (ganador de un Ondas) Gaspar Tato Cumming, nieto de Tomás y Enriqueta, y que falleció en 2002 a los 96 años dejando escritos diversos libros sobre viajes. Ambos escritores tienen sendas calles dedicadas en el barrio, si bien a Gaspar se la rotularon sus familiares nada más nacer, y no por sus posteriores méritos.

La calle de Tato mantuvo su nombre inalterable hasta el año 1936, momento en que se acuerda que la calle pase a denominarse Calle del Teniente Castillo, en homenaje al militar José Castillo Sáenz de Tejada asesinado poco antes del inicio de la Guerra Civil. No fue la única vía pública de la barriada que cambió de nombre. De hecho hasta el propio barrio de San Blas vio trocada su denominación por la de Libertad. Tras la victoria de los sublevados, concretamente en diciembre de 1940, Mercedes Cumming Tato solicitaba al pleno del Ayuntamiento que la calle del Teniente Castillo recuperara el nombre de su antepasado. Si bien en su petición hay un error, ya que afirma que la vía pública hacía referencia a Tomás Tato Julián en vez de a José María Tato d’Acosta.

A día de hoy, la manzana originaria del barrio de San Blas ha desaparecido, siendo sustituidas sus viviendas por modernas edificaciones. Además, su calle carece de placa biográfica que nos aclare algo sobre el fundador de este barrio tan alicantino.

No quisiera finalizar sin agradecer a Jesús López Tato y al Archivo Municipal la ayuda prestada para la elaboración de este modesto artículo.


ALFREDO CAMPELLO QUEREDA
Publicado en ABC Alicante el 2 de marzo de 2014
Para más información, contacte con el autor  

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...